Kristoffer Ardeña en el Centro 14 / Alicante (29 de febrero al 18 marzo de 2008)

 “En Busca de Una Memoria Perdida: La Vuestra” / Kristoffer Ardeña

  Centro 14 / Alicante (29 de febrero al 18 de marzo/08) 

 

      Foto2/Kristoffer Ardeña

       Foto1/Kristoffer Ardeña 

Kristoffer Ardeña  En busca de una memoria perdida: La vuestra. 

La Historia es Tiempo, el Tiempo es Documento y éste, miente. Somos testigos de un mundo dominado por el tiempo de los relojes, todos en mutuo desacuerdo. El tiempo es egocéntrico e irreversible, es mecánico y artificial. Descuida, totalmente, en su recorrido uniforme, la variabilidad de los estados psíquicos de los individuos a los que se les impone desde fuera con una fuerza que los obliga a conformarse con él.

Si pensamos en nuestro pasado, los recuerdos no se alinean con regularidad. En esta mirada retrospectiva hay nudos formados por eventos cruciales: una muerte, un éxito en una competición o una guerra rompen cualquier continuidad y desempeñan la función de los planos en las perspectivas espaciales; situamos los acontecimientos conforme preceden o siguen a estos cortes de nuestra existencia. La distancia entre estos dos planos tampoco es homogénea: algunos periodos nos parecen más largos, otros más cortos, y eso aunque sepamos que, por la escala del calendario, del reloj mentiroso, tuvieron la misma duración.

 

En una época vivencial en la que nuestra vida está cada vez más orientada al futuro, el papel del documento y el archivo es determinante, si no indispensable, para esta construcción del pasado. De un pasado, por momentos, transformado en presente. Kristoffer Ardeña ve y hace revivir un momento. Un pasado que vuelve a tener presencia temporal en la vida de alguien, en el ahora, en este instante pasado ya archivado para un «siempre». Los pasados recuperan la vida, paulatinamente… y se asiste a resucitaciones momentáneas.   

Su trabajo trata de una nueva imagen del tiempo, liberada de la sucesión cronológica y donde cada imagen del pasado puede ser objeto de una “iluminación” en el presente, capaz de un despertar de la historia. Kristoffer Ardeña además de hacer con que fotografías ya muertas tengan de nuevo una oportunidad de respirar el aire de la Vida, propone que cada uno de nosotros ayude a contar un poco de los secretos que la fotografía, perdida en el tiempo, contiene.

“La equivalencia es una función, una experiencia, no una cosa. Cualquier fotografía, cualquiera que sea la fuente, puede funcionar como un equivalente para alguien, en algún momento, en algún lugar. Si el espectador se da cuenta de que para él aquello que ve en la imagen corresponde a algo en su interior -esto es, la fotografía refleja algo dentro suyo-, entonces su experiencia posee cierto grado de equivalencia. (Minor White)

 

La idea de equivalencia puede verse con claridad en una escena de la película Smoke, un largometraje codirigido por Paul Auster y Wayne Wang en 1995. Brooklyn, Nueva York, verano de 1987. Auggie Wren, dueño de un estanco, se dedica a elaborar una colección de fotografías peculiar: todos los días, siempre a la misma hora y durante catorce años, hace una fotografía desde la esquina de su establecimiento. Conserva con todo cuidado más de 4000 fotografías catalogadas y ordenadas en álbumes negros.

 

La historia rocambolesca de cómo consiguió su cámara fotográfica y por qué se dedica a este curioso hobby desde hace tanto tiempo -afición que podremos denominar como un work in progress, tal como la vida-, servirá de argumento a Paul Benjamin, un novelista de prestigio en plena crisis de creatividad desde la muerte de su esposa.

 

La parte que nos interesa particularmente en esta película es la secuencia de emociones -las de Paul Benjamin, un hombre fiel a su, tal vez, indiferencia y falta de entusiasmo – que se da en el momento en que reconoce algo familiar en varios álbumes de fotografías de Auggie Wren. Son muchos álbumes y consecuentemente muchas fotos. Paul Benjamin los recorre a una velocidad que a Auggie Wren no le parece adecuada y por eso le dice a Paulo que así, tan rápido, nunca va a aprehender y comprender la poesía de las fotografías, que son todas iguales pero todas diferentes al mismo tiempo.


Paul Benjamin asiente con la cabeza y alarga el tiempo de visionado de cada página del álbum. De repente, su casi indiferencia y desencanto por las fotografías da lugar a un torbellino de emociones: espanto, tristeza, rechazo… Paul se detiene en el momento en que reconoce a un ser querido en una de las fotografías: ni más ni menos que su mujer fallecida.

Su comportamiento cambia. La indiferencia da lugar a la nostalgia. Aquella fotografía pasa a desempeñar un papel importante para Paul Benjamin y sólo para él. Nadie más, ante aquella imagen, podrá sentir lo que Paul sintió en esos momentos. Es su Historia. Es su Vida. Son sus Sentimientos. Aquella fotografía le habló y él respondió con gratitud.

Esta es, una vez más, la oportunidad de conocer una de las innumerables e increíbles ideas de Kristoffer Ardeña materializadas en exposición. Gracias a este trabajo sobre la memoria, Kristoffer Ardeña nos deja acceder a una poesía con nuestras propias voluntades y esperanzas. Y a nosotros, igual a Paul, solo nos queda responder con gratitud al recuerdo de nuestro Yo. (Texto Catalogo)

Cláudia Camacho

(AntiFrame – Curator)

Kristoffer Ardeña (1976)

Damaguete / Filipinas. Vive y trabaja en Madrid/España

Ha sido becario en la Academia de España en Roma y galardonado con el Premio UniónLatina de Artes Plásticas. Ha participado en varios proyectos individuales y colectivos, como La Noche en Blanco (Madrid), National Cultural Centre of the Philippines (Manila), FOTORIO y Espacio Cultural Contemporáneo (Brazil), Apexart y Creative Center (Nueva York), Moderna Galerija Ljubjana (Eslovenia), Museo Universidad del Chopo (Mexico D.F.), Ssamzie Space (Seúl), Museo Universidad de Alicante (Alicante), Intersection for the Arts (San Francisco, EE.UU.), Kuandu Museo de Bellas Artes (Taipei), Centro de Arte Artemis (Istanbul). Actualmente está desarrollando varios proyectos individuales para Espacio Abisal (Bilbao) y el nuevo Museo Centro de Arte Contemporáneo Dos de Mayo (Madrid), y está prevista su participación en la 7º Bienal de Kwangju (Corea del Sur) y en la 3º Bienal de Bucarest (Rumania).

 

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